lunes, 8 de junio de 2020

El síndrome de Don Juan




Existe un tipo de hombre que siente a la mujer como una presa de caza. Hay tres componentes que lo caracterizan: la seducción, el engaño y la huida. Tiene una compulsión a seducir. Es un adicto, es esclavo del exceso. Es desafío, es burla y es desprecio a la mujer,  pues una vez conseguida es abandonada. Algunos expertos psiquiatras ven la figura de este Don Juan como un terrorista del amor y de la familia. Sin embargo, yo afirmo que hay en él un deseo de redención. 

Muchos desinformados o frustados críticos dirán que el donjuanismo se trata de hipersexualidad o promiscuidad sexual, pero esto es una anomalía mucho más compleja de la que se han dado casi siempre pocas y erróneas interpretaciones.

Me inclino por la teoría de Otto Rank, que interpretaba el donjuanismo como un constante intento de encontrar la mujer ideal. E incluso la hipótesis de Guiora no es descabellada, pues lo relaciona con el complejo de Edipo. Este donjuán buscaría continuamente relaciones maternales con otras mujeres, de ahí que no exista deseo sexual. Marañón aportaba a esta tesis que, Don Juan tenía una gran dificultad para establecer relaciones amorosas francas, profundas y duraderas con las mujeres que conquistaba, por un cierto fondo de homosexualidad. Y Henri-Frédéric Amiel conjeturaba que un Don Juan evita consumar sexualmente sus conquistas por miedo a que se rompa la imagen idealizada que tiene de la mujer. En cualquier caso, el donjuanismo, quizás se deba más bien a un esfuerzo para probarse a sí mismo.

Tal vez, solo se trate, cuando menos en algunos casos, de personas muy inmaduras. Lo que acreditaría esa gran dificultad para entregarse completamente en sus relaciones afectivas. Es un comportamiento teatral, se trata de representar un papel, la vida es una obra de teatro, y habrá ahora quien se diga, esto es histrionismo, y claro que lo es, narcisismo me decía hoy una persona que lo sabe muy bien. En cualquier caso es un síndrome infantil. El límite entre la seducción y la necesidad de presumir de que se seduce. El problema de don Juan, o lo doloroso de quien lo padece, es que presume de sus conquistas, sabiendo que un caballero solo disfrutaría de ellas en silencio. Seducir es un arte, presumir un complejo. Y eso, en el fondo, le hace muchísimo daño al seductor porque no puede evitarlo.

La triste realidad es que se trata de un individuo con una lista de complejos psicológicos y sentimientos negativos interminable que le impiden tener una relación sana con las mujeres. Es un ego frágil, vulnerable e incluso sensible a su pesar, y la conquista femenina es una manera de reafirmarse, y si son mujeres complicadas mejor, eso sí, una vez que caen en sus brazos, el Don Juan pierde el interés e inicia una nueva seducción. 

Sin embargo, la realidad es que a más conquistas, más vacío. Es un ciclo absurdo y sin fin. Y lo que es peor, en este proceso, inconscientemente, el Don Juan arrasa con las emociones de toda aquella mujer que se cruza en su camino, o ante su narcisismo. Esto es cruel y despiadado, pero también es verdad que desconoce el impacto de su interacción con sus víctimas.

Todo es una pátina falsa y manipuladora creada para seducir y hacer sentir a la probre desdichada el privilegio de haber sido la elegida entre todas las demás. Pero el día en el que una  mujer inteligente, con conocimiento y conciencia, deja de percibir estos roles caballerescos como algo atractivo y deseable, Don Juan deja de campar a sus anchas y se enfrenta a su propia decadencia moral. Quizás, en el fondo, solo necesita encontrar a su Doña Inés.

Aprender a decir que no





Supongo que no siempre somos conscientes de las responsabilidades que contraemos  cuando decimos sí. No somos responsables de cualquier situación que suceda en nuestro entorno, por eso hay que aceptar el reto psicológico de decir no. Lo que pasa, es que algunos, vemos en ese hecho una negación de nuestra voluntad de ayudar al otro, cosa que es un error.

Este conflicto interno es a la larga, e incluso a la corta, destructivo y fuente de infelicidad y problemas, que a su vez dan lugar a sentimientos como la culpa y el remordimiento.

Como alguien que siempre dice sí, puedo afirmar que también se debilita la legitimidad dentro del propio entrono. Y esto es sencillo de esxplicar, pues las personas percibirán esa actitud como debilidad y querrán sacar provecho, lógicamente. Una debilidad que empuja a la dilación, a la falta de límites.

Es obvio que hay que aprender a decir no a las tentaciones en exceso y a la manipulación de terceros.

A mí me pasa, por ejemplo, que cuando me dirijo a otra persona con la intención de decir no, creo ya de antemano que ésta podría percibir esa negativa como una respuesta emocional que implicaría una falta de consideración por mi parte. 

Esto es un mito, lo sé, y necesito crear mi propia personalidad social concediéndome el derecho a mi felicidad. Decir no, no está prohibido, no es grosero. Sin embargo, decir que sí metódicamente, solo por no hacer frente a las consecuencias, está bloqueando el derecho de usar mi libre albedrío. Ser capaces de aprender a decir no sin sentimientos de culpa por ello, es algo que puede hacernos sentir bien con nosotros mismos y por descontado, evitarnos problemas en nuestras relaciones sociales. Hay que marcar límites, porque esa es la base para mantener relaciones saludables.

Dejar de ponernos límites, es empezar a respetarnos. Me he sentido invisible tantas veces cuando otras personas han decidido por mí, que ya no recuerdo todo lo que he perdido por ello. ¿Y qué me ha traído esto? Profundos sentimientos de soledad interior y de fracaso.


Y es que no es necesario justificarse cuando se dice que no. Explícaciones las justas, basta con ser sinceros y educados. Nos abrumamos con tantos pensamientos como, «y ahora qué le digo», «qué excusa me invento», «pero cómo le voy a decir que no», que  empezamos a dar vueltas y vueltas a estos pensamientos como si fuéramos un hanster en una rueda. Lo que genera una ansiedad que en verdad al único que perjudica es a uno mismo.

domingo, 7 de junio de 2020

¿Blog o bitácora?





Ambas formas son correctas y están aceptadas. Hasta hace muy poco, era recomendable la segunda acepción, ya que era la traducción al español, igualmente sería válido decir ciberdiario. Blog, que deriva de la unión de las voces inglesas web y logbook, por su parte, debía marcarse en letra cursiva, al tratarse de un extranjerismo, pero hoy está extendido ya en español y su grafía y pronunciación son compatibles con nuestro idioma, por lo que no hace falta señalarlo como extranjerismo y se escribe en letras redondas 

Esto mismo sucedió con la palabra iceberg, por ejemplo. 

El plural para blog se forma añadiendo una -s: blogs.

Hay muchos blogs en los que podemos encontrar información acerca de la lengua española.
A partir de la palabra blog tenemos los derivados: bloguear (acción de escribir en el blog), bloguero (persona que crea y mantiene un ciberdiario), blogosfera (conjunto de bitácoras), o vlog (tipo específico de blog que contiene sobre todo vídeos). Todas estas palabras son extranjerismos adaptados, por lo que debemos escribirlos en letras redondas, salvo cuando se usan metalingüísticamente.

La definición de blog puede resultar simple y a la vez compleja. Podemos decir que un blog es una especie de diario digital en el que contamos y compartimos experiencias. El contenido que se escribe tiene que ver con los intereses del autor, en algunos casos está asociado con algún hobby y en otros con temas de trabajo. La publicación que se hace en los blog es periódica. Lo más común es que escriba una sola persona, aunque si la estrategia es  empresarial los autores pueden ser variados.

Esta no es una historia de amor





Muchos dirán que soy un loco. Pero, ¿qué es la locura? Locura no es ese trastorno o esa perturbación patológica de las facultades mentales, locura no es ser imprudente, insensato  o poco razonable, locura no es realizar de forma irreflexiva o temeraria actos espontáneos, locura no es gritar ni es correr por las calles cada mañana o cada tarde buscando una señal en las estrellas.

Locura es mi manera de vivir, mi manera de sentir, mi manera de ser. Es no tenerle miedo a nada, es sonreír cuando todos quieren verte llorar, es beber de la lluvia mientras todos corren a cobijarse, es bailar allí donde suene una canción aunque el mundo se burle de ti.

Locura es sentir, es respirar a pleno pulmon un día de viento, es ver la vida llena de colores mientras los demás sólo aprecian el gris. Es aspirar el aroma de las flores en cualquier jardín imaginario en ese instante en que los que te rodean perciben humo contaminado y olor a asfalto quemado; es escribir tu historia sin robar palabras al diccionario.

Locura es la mirada que arde detrás de unas pupilas encendidas, locura es la paz de enamorarse de esos ojos maravillosos que te miran comprendiéndote. Locura es la sonrisa sincera que despiertas en otra alma loca, ese miedo sincero a un beso.

Locura son las mariposas que volando dentro de tu cuerpo te hacen estremecer, las cosas pequeñas que te complacen y que duran para siempre.

Locura es la sensación mágica que provoca en cada célula de mi cuerpo esa criatura deliciosa que es mi mujer, es la canción que me trae su recuerdo, es el poema que se escribe y donde se es el poeta, el amante y el soñador.

Locura es mi religión y la oración de mis noches, locura es la sangre y la carne que me hacen humano. Dirán que no soy normal, que estoy loco, pero solamente loco puedo ser feliz.

Locura, severa palabra, quizás, causada por tomar un bebedizo, como en el relato de Tristán e Isolda. Algunos ilustres científicos lo achacan a la oxitocina que actúa tanto en el enamoramiento como en la sexualidad.

La locura de amor entre Romeo y Julieta nos parece arrebatadora, aunque a un tiempo  inverosímil; se miran sin saber quiénes son, al hablarse ya están enamorados. 

Muchos pensarán que no es más que literatura de kiosco, culpa de las óperas de Wagner o de canciones tontas, poesía Shakespeariana, o letra de boleros. Sin embargo hay en alguos mamíferos una rara propensión a la monogamia, el cinco por ciento de los mamíferos la poseen. Se cruzan por azar una sola vez y ya no se separan, en virtud de una elección tan instantánea, tan casual, tan irreparable, como la que a nosotros nos lleva a enamorarnos, a veces contra nuestra propia conveniencia.

En realidad, lo que importa es entender esa sabiduría que está contenida en los poemas, en los mitos y en los cuentos. En todos ellos, el amor surge caprichosamente, y como no tiene remedio puede provocar consecuencias desastrosas. Eso es amor. Tal vez ese sea el veneno de la locura, una maldición, una dañina adicción.

viernes, 5 de junio de 2020

Amor, piedra y lluvia




Mi herida quemaba de nuevo, su dolor a la luz de la luna era más fuerte y más despiadado, me derrumbé en la cama y me sumergí en los sueños que de niño recordaba haber construido en momentos de temor.

De un salto me incorporo, me escondo en la esquina más oscura de esa fría habitación de hotel, abrazo con fuerza mis rodillas y dejo caer mi rostro sobre ellas. Me siento solo, y tengo miedo. Intento cerrar los ojos, me consume el dolor. Me bastaría con tener su corazón en mis manos, su sonrisa en esa mueca que intuyo tengo ahora, su boca anclada a la mía.

Descalzo, bailo solo al ritmo de nuestra vieja canción, se abre paso una auténtica sonrisa, el placer vuelve, los besos son más que recuerdos, mi voz se rompe; sus dudas y reproches, su descaro en forma de palabras dañinas, su pena como puñales, su angustia agotadora que desemboca en discusiones diarias, mi rechazo.

Esto es lo que queda, lo que quema, lo que abre mi herida hasta desangrarme.

En el jardín abandonado de ese amor agonizante queda varada mi felicidad, con ella mis versos apasionados en poemas escritos en pedazos de papel ajado y amarillento, a mi lado el engaño y de lejos, la soledad que ansiosa espera mi llegada.

Eran para ella las poesías y las canciones de palabras apretadas en caligrafía corrida con tinta azul que en las tardes lluviosas me cobijaban, cuando mirando por la ventana, de mis manos inconscientes nacían sus trazos.

Comienza a llover fuera, quiero salir, me dirijo a la puerta, la abro, el olor a tierra mojada me invade, estiro mi brazo y siento el frescor del agua que el cielo me regala. La mirada se me agranda, se hace profunda, mi mente golpea mis sentidos, me obliga a recordar que ya no vivo, que soy el espejismo de aquel hombre que en piedra se ha convertido por haberla amado tanto.

- Y, esa es la historia, amor mío, de esta estatua dedicada al hombre que amó más allá de lo indecible.- oí decir a alguien frente a mí. Creo que era un hombre abrazado a una mujer, que bajo un paraguas se cobijaban de la pertinaz lluvia que las nubes arrojaban. 

Intenté decir algo, pero no podía abrir los labios, intenté moverme, pero mi cuerpo no respondía. Ahora lo recuerdo, solo soy una estatua.

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